XV Domingo “a”
Mateo 13, 1-9
Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:
"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga".
En la mañana, como a las 5:30 tengo la costumbre de salir a caminar. Voy a la alameda y doy una vuelta o dos y después regreso a la casa. En las mañanas, después de una lluvia todo es diferente. Las calles están más limpias el aire más fresco, se parece que los pájaros están cantando más fuerte. Todo está más limpio y bonito. Como dice la primera lectura de hoy Dios manda las lluvias a la tierra, sobre los buenos y los malos. Él manda la lluvia a todos sin excepción Viviendo aquí en Torreon sabemos muy bien la bendición de la lluvia.
Isaías dice que como el agua así es la palabra de Dios. El evangelio dice como la semilla así es la palabra de Dios. Es una comparación de la bendición de la palabra con la bendición del agua. La bendición de la semilla y la palabra de Dios. Estoy usando la forma corta hoy porque quiero invitarles a reflexionar sobre la bendición de Dios con el agua y la semilla. No quiero que hoy reflexionemos sobre qué tipo de tierra somos; como recibimos la palabra de Dios. Quiero que reflexionemos sobre el sembrador. Otro día podemos reflexionar sobre nuestra reacción al recibir la palabra de Dios.
Parece que el sembrador es derrochador. Él está sembrando la semilla por todas partes. No solamente en la tierra buena donde es obvio que va a dar resultado, pero en el camino, entre la hierba, entre piedras. ¡Qué pérdida! No tiene chiste sembrar semilla en lugares donde no hay esperanza que va a dar fruto. Si yo fuera sembrador yo sería mas cuidadosa. No solamente no sembrar en el camino, pero tampoco cerca del camino. Donde hay mucho tráfico, donde hay menos posibilidades que la semilla iba a dar fruto. Y por supuesto en piedra pedregosa o entre espinas… ¡nunca!
Pero así no es nuestro sembrador. No, el siembra con una confianza sorprendente. No es codo con la semilla, al contrario, es generoso y generoso hasta el exceso. La semilla cae y cae por todos partes incluso en los lugares donde se parece que no va a dar resultado: entre espinos, en el camino, en tierra pedregoso. ¿Qué pudiera estar pensando este sembrado?
Pero así es nuestro Dios. Como el agua cae a todos lados, así es la semilla, así es la palabra de Dios. Jesús siembra su palabra entre los sencillos que lo acoge con alegría, entre los escribas y fariseos que lo rechazan, entre la gente muy santa quienes van a misa cada 8 días y los que nunca va o solamente por un bautismo o una boda. Si Jesús no es tacaño con su palabra, todos tienen la oportunidad de recibirlo. Jesús siembra no con prudencia sino con esperanza.
Sembrar es evangelizar, y evangelizar no es propagar una doctrina. No es de asegurar que la fe va a crecer. No, evangelizar es de estar en medio de la sociedad y en el corazón de todas. Los muy santos y los que no se parece tan santos. Entre la gente quienes están ansiosos de recibir y los que se parece indiferentes u hostiles a la Palabra de Dios.
Yo creo que el gran problema es que fijamos demasiado al resultado. Decidimos antes cual tierra va a dar fruto. Pero tenemos que recordar que la parábola no es del cosechador, sino el sembrador. Entonces seguimos el ejemplo de Jesús. Seguimos sembrando con confianza porque quien sabe dónde la semilla va a dar fruto: ciento, sesenta o treinta por ciento. ¡El que tenga oídos que oiga!

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