Venga los pecadores y excluidos

10º domingo Tiempo ordinario (A) Mateo 9, 9-13 En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». El se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que su maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
Yo creo que el mensaje del evangelio de hoy es lo más difícil hasta la fecha. No solamente el mensaje de inclusión, pero yo creo que podemos decir algo más fuerte. Jesús no está simplemente diciendo que quiere incluir todos, pero quiere poner los excluidos primero. Jesús dice, “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.” Entonces los incluidos en el reino de Dios son todos los pecadores, y no sé si podemos decirlo, pero se parece que los justos están excluidos. En un momento voy a hablar de los excluidos, de los pecadores, de nosotros, pero primero quiero hablar de los justos, los que no son pecadores. ¿Quiénes son ellos? Ellos, en mi opinión, son los que cuando habla de pecadores piensan primero no en sus pecados, pero en los pecados de los demás. Es difícil créelo, pero hay muchas que son así. Son ellos que empiezan diciendo algo como, “Padre, me gustaron presentarme. Yo soy fulana, soy la encargada de los ministros de tal. Yo vengo a misa no solamente cada 8 días, pero cada. Mi esposo y yo somos muy generosos, siempre ponemos un billete de $500 pesos en la colecta y no pedimos cambio. Hemos donado todos los ornamentos nuevos del templo y nuestros hijos… pues todos son bien casados.” Hasta allí está muy bien. No hay problema de ir a misa cada día, ser géneros, vivir segun las reglas de la iglesia. El problema es cuando ellos continúan diciendo. “No soy como la señora allá. Sus hijos no están casados por la iglesia y cuando dan algo en la colecta, ellos siempre piden cambio.” Puede ser que ella va a terminar diciendo algo como, “Por supuesto padre no estoy diciendo que son mejor que ellos, pero quiero que sepa que no somos como ellos.” Es bien claro en los evangelios que Jesús era amigo de los pecadores y los que estaban en las márgenes. Era algo nuevo in Israel, un profeta conviviendo con pecadores, con los excluidos. En la ley de los judíos era la ley de mantener su distancia de los excluidos, ellos eran sucios y acercándose a ellos se ensuciaba uno mismo. Los más piadosas siempre guardaba su distancia de los que eran menos. Pero Jesús no. Al contrario que se sentaba a comer con cualquiera. Su misión era de no excluir a nadie. Su mesa estaba abierta a todos. No tiene que ser santo, al contrario, no queria sentarse con los santos. Queria sentarse con los enfermos. El primer paso en acercarse a Jesús no es el arrepentimiento, no es simplemente aceptar la invitación. Como la expresión famoso de Papa Francisco: “¡todos, todos, todos!" Francisco como Jesús tenian una vision de una Iglesia abierta y acogedora, donde hay lugar para todos sin exclusiones: jóvenes, ancianos, sanos, enfermos, justos, divorciados, amencabados, LGBTQ. ?Que quiere decir todos? ¡Todos! Jesús ha venido por los enfermos, por los pecadores. El no ha venido por los justos, los sanos, los perfectos. Obviamente ellos no necesitaba a Jesús. Pero nosotros si. Por eso estamos aqui. Pero no es el fin de la historia. Jesús no solamente venia para los pecadores, pero quiere que ellos fueran sus discipulos. Mateo era uno de los excluidos, pero el era llamado a ser discipulo de Jesús. Y sabemos muy bien que los otros discipulos tambien eran los excluidos los sin valor en la sociedad de Jesús. El mensaje del evangelio de hoy es dificil, pero son buenas noticias. Jesús vino a sentarse a la mesa con los pecadores y cobradores de impuestos, con los excluidos, y ahorita va a repitir el mismo gesto, porque nos invita a nosotros en este momento a sentarse con el.

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