XIII Domingo "A"
Mateo 10:37-42
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.
Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.
Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.
La primera lectura de hoy me recuerda de muchas veces cuando habia quedado en la casa de alguien. Muchas veces durante las misiones que he predicado. Siempre estaba un poco nervioso cuando fui a la casa la primera vez. ¿Qué tipo familia iba a encontrar? ¿Iban a ser muy amables, acogedores? ¿Iban a ser muy ruidosos con más fuerte, o mas tranquilo? Y más importante para mí, ¿Iban a tener café en la mañana? Tantas veces que había quedado con diferentes familias, y siempre he sacado la lotería. Siempre muy acogedores, no solamente lo decían, pero siempre he sentido en casa. La primera lectura habla de la generosidad de una pareja a una época en la que me quedé en casa de Pat y Jim Murhpy. Francis y yo veníamos de algún lugar y yo iba a celebrar misa al día siguiente con la comunidad de Emmaús. Llegamos bastante tarde y Pat y Jim ya se habían ido a dormir. Pero recuerdo claramente que Pat había dejado una lámpara en la mesa del cuarto y una nota diciendo que debíamos servirnos algo del refrigerador. Muy parecido a la familia Shunammita en la primera lectura de los Reyes. La importancia de la bondad, la bondad hacia los profetas, hacia los extraños, hacia los necesitados y la bondad hacia las familias.
El Evangelio de hoy trata sobre el costo del discipulado. Es el fin de la enseñanza de Jesús a los 12, les dice que debe venir primero; que tendrán que tomar la cruz, y las recompensas para quienes traten a los discípulos con amabilidad.
Las palabras de Jesús habrían impactado a la gente de su época. En el antiguo Israel, la familia lo habría sido todo. La familia era muy grande y bastante extendida. Consistía en un padre y todos sus hijos, incluidos sus hijos casados y sus familias enteras viviendo en un solo lugar. Las consecuencias de dejar a la familia habrían sido graves: perderías tu hogar, tu empleo, tu posición, tus amigos. La familia lo era todo. ¿Entonces Jesús está diciendo que si quieres ser su seguidor tienes que dejar todo atrás? ¡Sí! Y recuerda que Jesús no está hablando con un grupo de religiosas o jóvenes en el seminario, está hablando con sus discípulos. Esta hablando con nosotros: todos somos discípulos de Jesús.
Pero antes de divorciarte y mudarte de tu casa a la calle, quiero que pienses en tu familia de una manera un poco diferente. Como dije en el Antiguo Israel, la familia habría sido todo menos eso... su familia no habría sido seguidores de Jesús. Cuando los discípulos tomaban la decisión de seguir a Jesús, efectivamente se habrían cortado de su relación con su familia, como a veces pasa cuando un familiar católico se une a los Testigos de Jehová. Las palabras de Jesús siguen siendo bastante ciertas, él tiene que venir primero, nuestra fe debe ser lo más importante en nuestra vida pero la buena noticia para nosotros es... servimos a Jesús dentro de nuestras familias. La mayoría de nosotros somos cristianos católicos porque crecimos en familias católicas. La mayoría de nosotros compartimos nuestra fe con nuestra familia también. Así que para nosotros no es una cosa o la otra, no tenemos que elegir a Jesús ni a nuestra familia, es ambas cosas y servimos a Jesús dentro de nuestras familias. No tenemos que elegir a Jesús ni a sus familias, eligieron a Jesús con sus familias. No era uno o otro, sino ambos, y amaban a Jesús esta amándo a su pareja. Los padres aman a Jesús amando a sus hijos, los hijos amando a sus padres.
El final del Evangelio habla de las recompensas de ser discípulo de Jesús. Si le das algo a alguien porque es de Jesús, recibirás tu recompensa. Incluso para darle un vaso de agua a alguien. La primera parte del evangelio habla de amar a la familia, pero te invito a pensar en el vaso de agua como aquellos que no son tu familia, que es lo que sucede cuando entramos en la familia de Jesús. Todos se convierten en nuestros hermanos o hermanas. Así que esa es la segunda forma en que amamos a Jesús, amando al otro. El extraño, el migrante, la persona en la calle.
El Evangelio de hoy nos desafía a reflexionar sobre dos ideas clave. ¿Cuál es el "verdadero costo" de mantener la fe en Jesús? ¿Y cómo nos relacionamos con otros creyentes, especialmente con aquellos que aparecen inesperadamente entre nosotros, o con quienes están en una necesidad especial? Jesús dice que debe venir primero, mostramos que en realidad es primero en nuestro amor por nuestra familia y nuestro amor por quienes lo necesitan.

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